Comúnmente se dice que para que la relación entre un hombre y una mujer sea buena y duradera, es necesario que sean COMPATIBLES.
Por eso, como causal de divorcio, se invoca a veces la “incompatibilidad de caracteres”.
Sin embargo, desde el punto de vista inmunológico, ser muy compatibles, puede llevar a problemas tales como la pérdida reiterada de embarazos.
Aún para quienes entienden poco de reacciones inmunológicas, debería llamarles la atención el hecho de que la mujer no rechaza sistemáticamente los embarazos, dado que el embrión sólo comparte con su madre el 50% de su información genética, ya que el 50% es de origen paterno y, por lo tanto, el organismo materno lo reconoce como extraño y debería rechazarlo, como haría con un transplante de órganos incompatible.
Si embargo, aquí es a la inversa. El organismo materno DEBE reconocer al embrión como extraño, para poder formar lo que se llaman “Anticuerpos bloqueantes”, así denominados, justamente, porque su función es bloquear el rechazo inmunológico.
Cuando dos personas, aún no estando emparentadas entre sí, comparten ciertas características inmunológicas, la madre no termina de reconocer al embrión como extraño y no forma esos anticuerpos bloqueantes y, entonces sí, se produce el rechazo, paradójicamente, por mucha compatibilidad.
En estos casos, hay estudios que permiten saber si la mujer tiene anticuerpos bloqueantes. Si no los tuviera, es posible inducir su formación mediante la inyección de linfocitos paternos a su pareja.
Existen muchos casos tratados de esta manera y que han permitido llevar embarazos a término en parejas con abortos previos.
En resumen, en ciertas ocasiones, se trata de hacer a una pareja “incompatible inmunológicamente”, lo cual, según lo dicho, puede ser la solución.
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